Los Radares


Este lunes nos vamos a ocupar de describir el funcionamiento de uno de los dispositivos más denostados por parte de los conductores: Los Radares de Velocidad.

Aunque existen diferentes tipos de radares implantados en nuestras carreteras (de lazo inductivo, de visión artificial, de infrarrojos, de ultrasonido, de captador magnético, etcétera), vamos a explicar en detalle el funcionamiento de los radares tradicionales más comunes (radares de onda electromagnética), y de los que se están incorporando en la actualidad (radares de tramo), para tener una visión integral de los mismos.

El funcionamiento general de los radares de microondas es el siguiente:

    1.- El Radar emite una onda electromagnética hacia el vehículo, que rebota cuando llega a él, y vuelve a la antena, donde se puede analizar la señal. Conocer la velocidad del vehículo en función del tiempo que tarda la onda en volver a la antena se podría realizar, pero sería muy costoso (debido a la enorme velocidad a la que va la luz).

    2.- Por este motivo, se utiliza otra vía para conocer dicha velocidad, y esta vía está basada en el fenómeno físico conocido como “efecto Doppler“, referido a la variación de la frecuencia que emite un emisor en movimiento (esto se puede apreciar muy fácilmente en los coches de Fórmula 1, en donde cuando pasa un vehículo cerca de nosotros apreciamos que el sonido del motor es mucho más agudo que cuando se empieza a alejar).

    3.- Siguiendo este principio físico, cuando la onda rebota en nuestro coche, debido a que éste circula a una velocidad concreta, cambia su frecuencia, y es midiendo la diferencia en la frecuencia como el radar determina la velocidad a la que se mueve el vehículo.

Los objetos metálicos, como coches o camiones, son grandes reflectores de las ondas recibidas, por lo que cuando hay varios vehículos que pasan junto al radar resulta imposible diferenciar la lectura correcta de la información de estas ondas, y se debe anular automáticamente la medida.

Como este tipo de radares colocados tradicionalmente, simplemente controlaban la velocidad a la que pasaba un vehículo por un punto concreto (el coche podía circular “legalmente” a 110 km/hora por ese punto, y a 150 km/hora por el resto), los conductores acababan conociendo los lugares en los que se estaban implantados, para adecuar su velocidad al paso por tales sitios.

Sin embargo, los nuevos radares que se están comenzando a implantar, van a cumplir de una forma más fidedigna con el objetivo de conseguir que la gente circule dentro de los límites establecidos durante todo su recorrido.
Estos nuevos radares se conocen como radares de tramo, y miden la velocidad media de un vehículo en el tramo concreto en el que son implantados.

El sistema consiste en un dispositivo de cámaras digitales colocadas en un punto de la carretera, que incorporan un sistema de reconocimiento de matrícula (OCR) y un reloj. Tanto el primer radar como el siguiente (colocados a la distancia determinada), anotan la hora a la que pasa el vehículo, y la matrícula. De esta forma, conocer si han recorrido el tramo a una velocidad media legal es tan sencillo como hacer el cálculo concreto (ya que se conocen los kilómetros y el tiempo realizado). En caso de que el conductor haya ido más rápido de lo permitido, el sistema automáticamente envía las imágenes al centro de control, para gestionar la multa.

De esta forma, la única manera de librarnos de las multas por velocidad va a ser la más obvia, circular dentro de los límites legales indicados.