El peligro (principal) se encuentra en las carreteras convencionales


Los datos son muy elocuentes al respecto, e indican que durante el año pasado, el 86 % de las personas fallecidas en accidente de tráfico lo hicieron en vías secundarias, lo que convierte este asunto en el elemento más importante a tratar para mejorar la seguridad vial.

La combinación de vías de doble sentido, en ocasiones mal conservadas, con velocidades por encima de lo permitido, a lo que muchas veces se unen adelantamientos muy peligrosos, forma un cóctel letal, de consecuencias funestas.

¿Qué medidas se podrían tomar para tratar de reducir este importante problema?

Aunque no hay fórmulas mágicas, sí que existen iniciativas que podrían contribuir a mejorar la seguridad en estas zonas:

  • 1.- Mejorar la conservación: Antes de construir nuevas carreteras, es imprescindible conservar bien las existentes, por un tema económico (siempre es más barato) y de seguridad. Así que es necesario hacer una distribución de recursos económicos más lógica, que destine una mayor cuantía económica a conservar estas vías.
  • 3.- Velocidad: Con respecto a controlar la velocidad de los usuarios, la única medida es aumentar el número de radares y controles, de manera que, aunque sea “a la fuerza”, los conductores tomen consciencia de la necesidad de respetar los límites establecidos.
  • 4.- Análisis exhaustivo de las zonas más peligrosas detectadas, y toma de medidas (reducir velocidad, arreglar problemas en la vía, etcétera), que eviten en la medida de lo posible, los accidentes en el futuro en esa zona concreta.

En definitiva, actuar en la base del problema, que es donde mejores resultados se pueden obtener.