No basta (ni es lo mejor) con construir nuevas vías para para reducir la congestión en las existentes


Con el objetivo de descongestionar el elevado tráfico que hay en hora punta en la carretera de Burgos (la A-1), el Ministerio de Fomento está analizando por dónde debe ir la nueva carretera. Sin embargo, ¿es la mejor solución para resolver el problema?.

De nuevo se constata cómo, ante un problema de congestión de tráfico, se opta únicamente por construir nuevos tramos sin tener en cuenta un aspecto muy importante: Aumentar las carreteras alternativas no soluciona el problema del tráfico, si no se cuenta con planes de movilidad y políticas integrales que tengan en cuenta todos los modos de transporte y necesidades de los usuarios.

El motivo de que aumentar el número de vías no resuelva un problema de congestión de tráfico, si se aborda sólo de esta forma, se debe a la “demanda latente del mismo”, una demanda de uso que, por así decirlo, está dormida, a la espera de poder materializarse cuando las condiciones son las adecuadas. Es decir, gente que, en el escenario tradicional habría elegido utilizar otro medio de transporte (autobús, tren o bicicleta) para llegar a su destino, y que ante la nueva infraestructura decide utilizar su coche para ese trayecto.

Un nuevo recurso crearía nuevos incentivos de uso, lo que aumentaría la demanda, y por tanto no serviría de nada para reducir el tráfico.

Por eso, resulta tan importante empezar a introducir en la ecuación los sistemas de transporte públicos, favoreciendo su uso (promociones y descuentos), mejorando su frecuencia (aumentando el número de autobuses y tranvías), o estableciendo medidas que vayan en la línea de facilitar su uso.

Se trata de atajar el problema de una forma más sostenible y, a medio plazo, más eficaz, apostando por un mix de transporte que no sólo tenga en cuenta el coche, sino que potencie de verdad el uso de otros medios.